15 nov 2009

Mi tamagotshi

Este aparato infernal tiene el poder de mi mente y alma. No sé cómo demonios lo consiguió, pero lo obtuvó.

Controla lo que pienso y siento, controla mi cerebro, mente y alma.

Me obliga a alimentarlo cada hora en el día, y el no se molesta si son las 4:30 de la madrugada. Le vale madres; ya trate de quitaerle su pequeña e insignificante pila japonesa. Ya le dí veintemil golpes, pero lo único que conseguí, fue que se le callerá la cosa con que se cuelga.

He perdido todo tipo de vida social, y todo por su diminuta y estúpida culpa. Simpre está chillando que lo alimente, que lo limpie, como si tuviera todo ese tiempo.

Esta cosa con su pantalla de no más una pulgada, y sus pinches pixeles se cree bien onda, cree que todos estamos a su disposición, cree que nos maneja a su antojo.

Ha tratado de suicidarse ya varías veces. Pero, como soy buena persona ypoleo con la gente mala, lo alimento para que no se convierta en emo. Nada sería peor que tener un tamagotchi emo. Si ya de por sí el hecho de que es un tamagtchi es bastante irritante, no me imágino que sería de mí sí se volviera emo.

Cómo sea, quién sea que quiera ayudarme a exterminar a esta especie, tiene todo el derecho de mandarlo al infienro y brincar 5 veces sobre él en el sentido de la agujas del réloj.

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