6 ene 2010

Más importantes que el oxígeno...

Hace rato terminé de leer Farenheit 451. Sienco sincera no entendí si los últimos dos "capítulos" eran parte de la historia de Montag o eran cosas aparte. Al menos ésta vez terminé el libro.

Ella acostumbraba despertarse en momentos extraños que sería difícil encasillar. Ciertamente no era cuando "se le acababa el sueño", ni tampoco a la hora que suponía conveniente despertarse; generalmente se quedaba con ganas de dormir más y si no estaba leyendo un libro, lo hacía. Ésa mañana terminó de leer Farenheit 451, últimamente devoraba libros intentando librarse de esa sensación de vacío que llevaba atormentándola, más o menos, un mes. Leía como si su organismo necesitara de las palabras, como si las letras fueran más importantes que el oxígeno para su existencia. Salió de su recámara buscando más, libros, hojas, palabras de alguien ajeno que también parecía más sabio.

Creo que ésta obsesión por leer se puede ir demasiado lejos. O no.

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