Suena chistoso como título, “tengo miedo”. Pero así es.
Siempre que me dispongo a escribir para el blog es como si mi corazón se abriera. Sale todo lo relativamente nuevo que tiene dentro, o lo que no se atrevía a sentir en otros momentos, para poder expresarlo y luego subirlo a Internet. Hace rato me di cuenta de que tengo miedo.
De repente pareció como si mi vida hubiese empezado ya. Y no me refiero a “empezar a vivir” como la posibilidad de respirar y percibir el mundo, o como si hubiera empezado a sentir las cosas. No, me refiero a que sentí que era el momento de tomar las decisiones importantes. Mientras somos niños todos hacemos prácticamente lo mismo: comemos, dormimos, jugamos, vamos a la escuela, hacemos tareas e imaginamos lo que seremos de grandes, a veces incluso dizque elegimos. Quizá algunos dibujan, otros corren y algunos contemplan las nubes más que los demás, pero nunca hacemos nada realmente distinto. Luego llega un momento en el que tienes que elegir; se supone que a tus quince (aunque puede variar entre catorce y dieciséis) debes de saber qué harás de tu vida, si seguirás estudiando y qué. En lo personal me parece bastante estúpido. Según esto uno es adulto hasta los 18. Entonces se supone que sin saber quién eres, qué quieres o si tienes problemas psiquiátricos serios, hay que decidir lo que harás el resto de tu vida… vaya cosa. Por fin que sentí que la decisión estaba cerca, que había que actuar ya o se me iría la vida entre las manos.
Creo tener muchos defectos y me atormenta la idea de que por culpa de ser así no llegue a tener una vida plena y llena, en su mayoría, de alegrías… o si no al menos más que de angustias. Me da miedo que mi costumbre por no darle la importancia necesaria a las cosas me lleve a una hermosa “no continuación de mis estudios”. Es verdad que un título no asegura nada, ni que hayas aprendido algo, o que una vez obtenido vayas a trabajar en lo que querías, ni siquiera un empleo decente. Pero definitivamente facilita las cosas, y no quiero acabar con una vida que no sea en lo absoluto lo que quería, que acabe amargándome y quedándome sin la oportunidad de explorar las artes a las que les traigo tantas ganas.
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