Me paro enfrente de la puerta, meto la llave y la giro, entonces hay un momento en ese intervalo en el que siento que al empujar la puerta para entrar me voy a dar cuenta que me equivoqué de casa o que han pasado muchos años y no me he dado cuenta y ahora otra familia vive allí. Pero abro la puerta y el pasillo es igual, la banca sigue tallada, los cojines siguen verdes y las muñecas de porcelana siguen vivas.
29 nov 2009
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