
El google me ha llevado por sitios insospechados, me ha dado sorpresas y también me ha desviado de mis propósitos iniciales. Hace algunas unas semanas, mientras buscaba una receta de pastel de zanahoria, encontré una vieja nota. Leí en un blog sobre una polémica respecto a un premio literario local otorgado hace varios meses. Ni siquiera tomé nota de las fechas exactas, pues llamaron mi atención los argumentos de una y otra parte, cascados y frágiles todos. El motivo de la discusión bizantina era la publicación previa en un blog de algunos de los poemas premiados, pues según la reglas del concurso los textos deberían ser inéditos.
El veredicto oficial fue que un blog no es una publicación, así que el resultado del premio sería el mismo. Según lo que yo leí, poco se habló del anonimato de la autoría, cosa sorprendente porque es otra regla básica que el premio debe otorgarse a la calidad de los textos y de ninguna manera la decisión debería estar influenciada por el conocimiento de la identidad del autor. Desconozco la obra en cuestión, así que no puedo agregar nada más, lo que llamó mi atención fue ese debate blog vs. letra impresa. ¿Será necesario reconsiderar las reglas de esos concursos?
Noté cierto desdén respecto al blog, cualquiera puede hacerse uno, está tan a la mano, ¿quién lo valida?, ¿quién hace de editor y censor de contenido?, es gratuito y si bien todo eso es cierto, algunos se convierten en referencia.
Al parecer, la ciencia avanza pero nosotros no, o al menos no a la misma velocidad. La tecnología modifica nuestros hábitos antes de que lo notemos, nuestra forma de relacionarnos con los demás. La “información” nos abruma, mientras que las herramientas que nos ayudan a crear y mostrar un yo-personaje, a usar redes sociales, así como construir nuestro propio conocimiento y compartirlo, están disponibles para muchísimas personas. Esto parece un vocerío indescifrable, pero aún así hay claridad en blogs imprescindibles y lectores ávidos quienes se involucran al grado de escribir comentarios.
El veredicto oficial fue que un blog no es una publicación, así que el resultado del premio sería el mismo. Según lo que yo leí, poco se habló del anonimato de la autoría, cosa sorprendente porque es otra regla básica que el premio debe otorgarse a la calidad de los textos y de ninguna manera la decisión debería estar influenciada por el conocimiento de la identidad del autor. Desconozco la obra en cuestión, así que no puedo agregar nada más, lo que llamó mi atención fue ese debate blog vs. letra impresa. ¿Será necesario reconsiderar las reglas de esos concursos?
Noté cierto desdén respecto al blog, cualquiera puede hacerse uno, está tan a la mano, ¿quién lo valida?, ¿quién hace de editor y censor de contenido?, es gratuito y si bien todo eso es cierto, algunos se convierten en referencia.
Al parecer, la ciencia avanza pero nosotros no, o al menos no a la misma velocidad. La tecnología modifica nuestros hábitos antes de que lo notemos, nuestra forma de relacionarnos con los demás. La “información” nos abruma, mientras que las herramientas que nos ayudan a crear y mostrar un yo-personaje, a usar redes sociales, así como construir nuestro propio conocimiento y compartirlo, están disponibles para muchísimas personas. Esto parece un vocerío indescifrable, pero aún así hay claridad en blogs imprescindibles y lectores ávidos quienes se involucran al grado de escribir comentarios.
P.D. Desde hoy usaré mi máquina Remington para escribir canciones protesta con estribillos pegajosos y panfletos revolucionarios, haré tres copias simultáneas con pasantes azules. Si te preguntabas por el porqué de la foto, ya lo sabes.
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