Todos llevamos un agrio recuerdo dentro, alguna decepción, un rechazo, algo inconcluso o simplemente una peculiaridad. Una de mis heridas abiertas tiene que ver con una incapacidad: nunca he podido colorear sin salirme de la rayita. Tengo vivos recuerdos de aquellos días de preescolar, de primer grado de primaria, de mis dibujos coloreados en desorden. Había una niña que se sentaba a mi lado, la recuerdo porque ella representaba lo que no podía lograr, ella nunca se salía de la rayita y su cabello, largo y lacio, siempre estaba en orden.
Alguna de esas veces en que miraba codiciosamente sus dibujos perfectamente coloreados, me pidió que le mostrara el mío, entonces le confesé mi frustración. Ella se ofreció a ayudarme a cambio de que la ayudara a leer, cosa en la cual ella tenía serios problemas. Al día siguiente le llevé algunos folletines ilustrados, mis lecturas vespertinas. Se los leía, juntas aprendimos que el hombre casado que mira a su vecina con lujuria (es decir ojos desorbitados, baba colgante cual si mirara a un delicioso pastel) se quemará en las llamas del infierno; que la mujer egoísta que descuida a su familia por emplear su tiempo en teñirse el cabello, también arderá en las llamas del infierno mientras diablos pequeños y regordetes le tiran de los cabellos y le arruinan el peinado; que los niños que dicen mentiras también se tostarán en las llamas del infierno y un diablo larguirucho les hará comer caramelos hasta que se les piquen las muelas y lo dulce amargue; se trataba de lecturas edificantes. Nos daba mucha risa todo aquello y como en casa había montones de esos folletines de la iglesia, incluso le regalé algunos (a falta de literatura infantil una leía lo que había, ¡qué se le iba a hacer!).
No te salgas de la raya, te pesará o te divertirá, no lo sé, pueden ocurrir ambas cosas.
Hace un par de días encontré un blog que podría llamarse “yo nunca me salgo de la raya”: tiene todos los puntos, las comas, los acentos todos perfectamente puestos, una ordenada redacción, no le falta ni le sobra nada, al menos eso parece, es tan limpio pero tan limpio hasta la asquerosidad. No pondré la liga por aquí porque no deseo promocionarlo, además porque no compartiré mi fuente de inspiración pues resulta que me provoca a pensar y hacer lo contrario a sus predicaciones. Leerlo el lunes de la semana pasada influyó en mi fin de semana, es indudable su poder.
Se trataba de un líneas dedicadas a Lolita, donde se deploraba la inmoralidad del libro y de las descripciones desagradables que debían ser suprimidas (¡¿entonces qué quedaría?!), fue tal la vivacidad de las palabras que intenté recordar el origen del rechazo. De modo que el fin de semana allí estaba leyendo, de nuevo, Lolita.
¡Qué gusto salirse de vez en cuando de la rayita!
1 dic 2009
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