4 dic 2009

No quiero una muerte tonta !

Morir como se ha vivido, hace mucho que descubrí esta frase, me acuerdo de ella de cuando en cuando. Me mueve a pensar en muchas cosas. Me ha provocado risa, me hace detenerme en ella, me parece profunda, a veces ingenua, y todo porque aspira a la justicia, o simplemente a un orden. Los malos morirán de mala manera, los buenos de buena manera y los más o menos nunca morirán, serán vampiros, zombis o algo feo y a medio morir, como… vendedores de tarjetas de crédito. Ha tenido la muerte de los justos (o de los aburridos), murió dormido, sin dolor, sin pesar, ¿y cómo es que mueren los injustos? ¿Y qué hay de los infectados por un virus lanzado por una transnacional farmacéutica, de las víctimas de los alienígenas, de las mascotas envenenadas, los que han muerto en algún accidente, en la explosión de un volcán, en una inundación, en un terremoto, las muertes ridículas o inexplicables, los asesinados?. Rosario Castellanos murió electrocutada al enchufar una lámpara en la Embajada de México en Israel, no pude evitar, al enterarme de esto por vez primera, soltar una risilla ante lo ridículo de la escena. La gran intelectual, la feminista mexicana, muerta de esa manera, ¿acaso su vida fue ridícula?, no lo creo, sólo fue una más de las ironías y sin sentidos que forman la vida. Alguna vez no podía evitar leer sus textos sin que esa imagen de su muerte me provocara risa algunas veces, estupor otras. Muertos muertes. Hace ya varios días, asesinaron a Cocó Cielo/Silvania, y me pasa lo que otras veces me ha pasado respecto a otros personajes, no he podido evitar ver sus fotos, o escuchar su música y pensar en su muerte. Pero, ¿quién iba a saberlo durante aquella sesión fotográfica? Es algo así como cuando sabes de antemano el final de la película, o del libro, lo cual no significa que te agrade menos, porque en algunos libros como en Nunca me abandones, por ejemplo, el final está allí desde el principio, pero solo cuando llegas al final lo sabes y lo bueno, lo realmente bueno, es la tensión de la historia, su acontecer. No había querido escribir aquí sobre este asunto de Cocó porque no soy fan, de hecho lo conocí a él, al dúo, por casualidad casi. Alguna de esas veces que mandé pedir discos, hice lo que otra veces, pedí unos más al azar, entre los cuales estaba uno de Silvania. Cuando lo escuché me gustó mucho pero como soy muy dispersa, luego lo olvidé, pasé a otra cosa, luego volví y lo volví a olvidar. En las notas de periódicos que leí sobre el asunto sólo agregaban brutalidad a la brutalidad. Se olvidaban de la vida, el asesinato lo nublaba todo, o al menos eso pretendían, y del artista poco se hablaba. Eso es lo que yo llamo sinécdoque moribunda, la muerte por el todo. Entonces me resultaba más digno de pena quien hubiera escrito esas notas que el mismo sujeto de la noticia. El talento se me antoja una buena historia, pero ¿es que acaso no se tratará de valentía, para vivir, para crear y no de otra cosa? De eso es muestra Cocó, de vida, de valentía. Fue mejor buscar en blogs y flogs y páginas personales que respondían ante la basura. Anécdotas: de aquella vez que le entregué un demo, de cuando toqué con él, o de cuando descubrí su música por vez primera, en fin… que me dieron ganas de buscar música de aquel inspirador de tan bellas, o simplemente, justas palabras. Muertos, muerte… pues yo quiero morir en plena fiesta, quiero convertirme en calaverita de azúcar en un 2 de noviembre.

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